Vías de acceso a Dios
Contenido
Parte del curso de Teología de la Revelación (7/8).
1. Modelos de Revelación
Tomado del libro «Models of Revelation», de Avery Dulles, S. J.
Revelación como doctrina: La revelación se entiende como un conjunto de proposiciones coherentes ofrecidas por la iglesia a la fe de los creyentes. Dios es visto como un maestro infalible que transmite su conocimiento a través de su Palabra, y el creyente es un alumno dispuesto a aprender. Este enfoque subraya el aspecto objetivo de la revelación, bien delimitada en el depósito doctrinal de la fe custodiado por la iglesia. El origen divino de la enseñanza se testimonia mediante signos externos.
Revelación como historia: (W. Pannenberg) Este enfoque resalta el carácter histórico de la revelación, centrado en los acontecimientos de la historia de la salvación que culminan en la muerte y resurrección de Cristo. Estos eventos iluminan toda la historia desde una perspectiva de promesa y esperanza. Dios es el actor trascendental en la historia, y el creyente debe discernir los signos de los tiempos que revelan la acción histórica de Dios. Se plantea la cuestión de Lessing sobre cómo un hecho contingente puede tener carácter absoluto.
Revelación como experiencia interior: Aquí, la revelación se entiende como una experiencia interior de gracia y comunión directa con Dios. Dios se comunica a sí mismo a quien se le entrega, ofreciendo salvación y vida eterna. Cristo es el modelo que hace posible esta experiencia mística. Se plantean cuestiones sobre cómo el ser humano, siendo limitado, puede acoger la infinitud de Dios y cómo es posible esta experiencia sin mediación.
Revelación como presencia dialéctica: Este enfoque destaca la primacía de Dios, quien se revela dialécticamente al ser humano (se revela y se re-vela). La revelación es un acontecimiento salvífico y de misericordia de Dios. El creyente, por la fe, reconoce al Dios que se manifiesta de esta manera y queda salvo. Este enfoque es fundamentalmente protestante, representado por K. Barth, aunque H.U. von Balthasar intenta expresarlo al modo católico. Existe el riesgo de caer en el fideísmo.
Revelación como nueva conciencia: Esta propuesta antropocéntrica sugiere que la revelación implica un cambio en el horizonte último y vital del ser humano. La fe se ve como una nueva toma de conciencia sobre la acción trascendente de Dios en la historia. La revelación tiene una fuerza salvífica en la medida en que provoca una conversión de la conciencia, la vida y el mundo. Representado por K. Rahner, este modelo plantea la cuestión de cómo esta nueva conciencia puede tener validez en diferentes contextos y tiempos y cómo puede superar el solipsismo.
2. Vía cosmológica
La vía cosmológica es una comprensión holística de la realidad que destaca la unidad esencial de todo lo que existe. Cada realidad particular adquiere su sentido a la luz del conjunto y del principio que lo sostiene y unifica; el principio, al que todo remite, se da en cada ser particular. Esta visión fue adoptada por los primeros padres de la Iglesia, quienes veían a Cristo como la consumación del sentido fragmentario del mundo (logos spermatikos), alcanzando unidad, plenitud y libertad redimida en la Palabra encarnada (logos sarx).
La revelación es vista como acceso a la sabiduría plena y como conversión, relativizando cada logos spermatikos a Jesucristo. La vida de la Iglesia hacía creíble esta sabiduría holística al unificar fragmentos y liberar de opresiones. El desarrollo histórico de la Iglesia católica latina, unificando a diversos pueblos europeos, verificaba la capacidad salvífica de Cristo como principio de unión con Dios.
Sin embargo, con la incipiente modernidad, la división de la Iglesia hizo que la fe cristiana perdiera credibilidad. Lo que antes era teología pasó a ser filosofía y racionalismo. A pesar de esto, los avances científicos y técnicos de los últimos siglos, como la visión del planeta desde el espacio («La canica azul», 1972), han despertado una nueva conciencia planetaria y una racionalidad más rica y compleja que la técnica-instrumental.
El nuevo paradigma científico, con la unidad del Big Bang y del destino final del Big Crunch o Big Rip, transforma principios científicos en sabiduría vital, como la relatividad, incertidumbre y evolución. En este contexto, surgen teosofías que unifican ciencia, filosofía y teología, como la de Teilhard de Chardin con su concepto de Cristo cósmico o punto Omega.
Finalmente, se plantea la pregunta de si esta visión no es una nueva forma de extrinsecismo, pues Cristo no es solo la guinda del pastel, sino la razón de ser del pastel.
3. Vía antropológica
La vía antropológica en teología propone que la verificación de lo divino ha pasado del cosmos al hombre, entendido como síntesis del mundo. Este enfoque se inspira en el «giro antropológico» de la filosofía crítica de Kant, que centra el análisis en las condiciones trascendentales del conocimiento. En teología de la revelación, se enfoca en cómo el sujeto percibe y responde a la apelación divina. Las teologías antropológicas han sido acusadas de subjetivizar la fe, pero esta crítica no se sostiene si la revelación sigue siendo una alteridad y no un momento de subjetividad.
1. Juan Alfaro
Para J. Alfaro, la revelación es la autocomunicación de Dios al ser humano, manifestada de forma única en Jesucristo; por tanto, la revelación es cristológica (Cristo revela), cristocéntrica (Cristo es la revelación) y cristoteleológica (dinamismo escatológico ordenado a la recapitulación de todas las cosas en Cristo).
La fe, según Alfaro, es la respuesta global del ser humano a esta revelación y tiene un carácter cristológica (Cristo es el fundamento), cristocéntrica (Cristo es la el objeto) y cristoteleológica (Cristo es el fin). La vía antropológica busca profundizar en el carácter cristológico, cristocéntrico y cristoteleológico de la existencia humana para entender esta respuesta, partiendo de la cuestión del sentido de la existencia y la contingencia del ser. El ser humano tiene una relación dialéctica (trascendente) con el mundo: formamos parte, pero somos conscientes y nos preguntamos. Somos una cuestión abierta para nosotros mismos y nos preguntamos por nuestro fundamento originario, que nos lleva a la pregunta por Dios. Para responder a por qué o para qué necesitamos toda nuestra vida, con nuestra inteligencia y voluntad. La respuesta implica nuestra vida.
El ser humano en su relación con el mundo: Doble relación, caracterizada por una interdependencia esencial y una diversidad. Somos en el mundo y frente a él. Hay un saber implícito en nuestro modo de vivir, culturalmente mediado, sobre el sentido de las cosas particulares y del conjunto. El ser humano critica y personaliza esta precomprensión o reflexión.
Esta relación se manifiesta en la creatividad (que es autenticidad) y la autotrascendencia, impulsadas por una libertad que es tanto de diferencia con respecto al mundo como libertad para vincularse, trascendiendo al mundo y a nosotros mismos. La libertad humana responde a la realidad y es responsable, ante una realidad fundante y personal.
El ser humano en las relaciones interpersonales: La persona se realiza en la alteridad de muchos «tú», esta alteridad es constitutiva del «yo». Por eso, la libertad personal está vinculada a la de los otros, en los que se reconoce a «otro yo». En él se reconoce una diferencia incancelable: me interpela y me obliga a tomar postura. Es una llamada a la comunión, a reconocer su dignidad, que lleva a una ética que sigue la regla de oro. Esta llamada despierta un «exceso» de mí mismo, de misericordia, compasión y amor hacia el otro.
Este «exceso» es contrario a la ética individualista; es responsabilidad ante el otro y con el otro, sin vivir por él. Es también posibilidad de una libertad liberada, que trasciende a una realidad personal mayor, que también se dona y es fundamento de nuestra libertad que se dona. Ese fundamento, el Amor originario es Dios. De él surge la persona y la libertad, y solo se le reconoce en actitud de adoración y amor.
La muerte y el sentido de la vida: La muerte es una situación límite (total e incontestable) que desafía nuestra comprensión de la vida y la autotrascendencia; es el destino cierto e inseguro. Pero es difícil pensarla, porque solo la pensamos desde la vida. La muerte nos toca, nos constituye: es el horizonte de nuestra proyección futura. Nuestra autotrascendencia y nuestras respuestas responsables están en relación con la muerte. ¿Quedan aniquiladas? Solo una realidad absolutamente trascendente y personal puede ofrecer una esperanza más allá de la muerte y del devenir histórico, justificando la opción de esperar en un Porvenir trascendente llamado Dios.
2. Paul Tillich
P. Tillich (1886-1965), fue un filósofo y teólogo luterano. El núcleo de su pensamiento es «the Ultimate Concern», la preocupación última del ser humano (lo incondicionado). Busca un discernimiento sobre la situación actual; para encontrar la presencia de Dios (de lo incondicionado) en la realidad social y cultural. Sigue el «método de correlación»: - Razón y revelación (razón pregunta, Dios responde). - Existencia y Cristo (la nuestra está amenazada por la muerte y el mal moral, Cristo trae resurrección y perdón). - Vida y Espíritu (vida amenazada por el absurdo, Cristo trae dinamismo espiritual y sentido a la vida) - Historia y Reino de Dios
3. Karl Rahner
Karl Rahner (1904-1984) es uno de los teólogos más importantes del siglo XX y un exponente del «giro antropológico» en la teología católica. Su pensamiento aborda el desafío del ateísmo y agnosticismo moderno, buscando hacer la teología relevante para el ser humano contemporáneo. Rahner es conocido por la complejidad de sus escritos y su enfoque sistemático.
Rahner intenta superar el extrinsecismo y el intelectualismo de la teología manualística (la teología del Denzinger), promoviendo una reconciliación entre teología y espiritualidad. Propone que el cristiano del futuro será un «místico» que ha experimentado algo profundamente, ya que la espiritualidad futura no dependerá de una convicción unánime ni de un ambiente religioso generalizado.
Influenciado por San Ignacio de Loyola (sentir y gustar más que saber), Santo Tomás de Aquino, Joseph Marechal (tomismo trascendental; fuente de Rahner) y Martin Heidegger (fenomenología de Santo Tomás), Rahner centra su teología en la autocomunicación de Dios y la economía trinitaria con su alcance universal. Sostiene que nunca ha existido un ser humano natural, ya que todos están sellados por la autocomunicación divina (i. e., todos son sobrenaturales).
Quiere dar razón de la autocomunicación divina partiendo del análisis trascendental del ser humano, sellado desde siempre por esta autocomunicación. Dios nos ha dado la posibilidad de trascender hacia él. Él, Trinidad, se autocomunica: quiere que todos se salven. El Hijo es la Revelación en la Historia. El Espíritu asocia cada persona al misterio Pascual de Cristo.
Su concepto de «existencial sobrenatural», se refiere a la dimensión constitutiva de la existencia humana orientada por la gracia de Cristo hacia la amistad con Dios. Este «existencia sobrenatural» es la comunicación de Dios mismo a cada persona. Dios se revela, en la inmediatez, como el misterio absoluto; se da como don y espera la respuesta del hombre. Los no cristianos también pueden experimentar esta trascendencia, en lo cotidiano. Es el «cristianismo anónimo».
La modernidad pone una cuestión previa: el ser humano ante el misterio de Dios y su posible conocimiento. Esta relación (ser humano-Dios) es decisiva para comprendernos y manejarnos en la vida. Es una dinámica espiritual, cuando el ser humano acoge la gracia, que se comunica en lo más íntimo, y le permite autotrascenderse (hacia Dios).
En el «Oyente de la Palabra» (1941), Rahner describe al ser humano como capaz de conocer a Dios (homo capax Dei) y escuchar su revelación (Potentia oboedentialis). Sin embargo, es problemático determinar si puede descubrir en sí mismo una capacidad de oír la revelación de Dios sin haberla oído antes.
El ser humano es concebido como un ser que conoce y se trasciende a sí mismo, saliendo al encuentro de la alteridad y retornando a sí mismo. La cuestión de Dios es el fundamento positivo de todo lo que existe, implicando un principio de trascendencia. Dios es un desconocido libre que solo puede ser conocido si Él decide revelarse. El ser humano está en una posición de escuchar una posible autocomunicación divina, cuando profundiza en la comprensión de su propia contingencia: ha sido puesto por alguien.
La capacidad de oír la revelación cristiana efectiva se compone de la trascendencia espiritual del ser humano (su subjetividad) y la elevación o iluminación por gracia (existencial sobrenatural). Esta capacidad no es una facultad adicional, sino una iluminación de la misma subjetividad. No existe un texto humano que pueda hacer comprensible el texto de Dios; Dios debe interpretarse a sí mismo. Esto no puede ser alcanzado por el conocimiento humano a priori o a posteriori.
4. La via amoris - H. U. von Balthasar
Hans Urs von Balthasar es uno de los teólogos más destacados del siglo XX, conocido por su vasta cultura en filosofía, música, literatura, arte y teología. A menudo se le contrasta con K. Rahner debido a sus confrontaciones teológicas, como se evidencia en la obra «Cordula. El caso serio», donde Balthasar critica la irrelevancia de la cruz de Cristo en la teología de Rahner. Sin embargo, estudios posteriores han mostrado que sus teologías son más complementarias que opuestas.
Balthasar tuvo una experiencia mística significativa cerca de Basilea, donde sintió que había sido llamado a servir sin necesidad de hacer planes propios. Aunque no es un pensador sistemático, su estilo es profundo y riguroso, buscando superar la división moderna entre teología y espiritualidad, verdad y belleza. Su obra teológica se estructura en tres partes: Estética teológica, Teodramática y Teológica, y se parte de la percepción, mostrando así su sensibilidad hacia el espíritu moderno.
Balthasar se veía a sí mismo como Juan el Bautista, señalando a Cristo, y como el discípulo amado, comunicando lo que había experimentado. Entre sus influencias están S. Ignacio de Loyola, H. de Lubac, E. Pryzwara y K. Barth (teología de la Palabra de Dios). Aunque no escribió una teología fundamental o de la revelación, su «Estética teológica» y obras como «Solo el amor es digno de fe» son esenciales para entender su pensamiento.
Para Balthasar, la revelación en Cristo no puede ser normada por el mundo o el hombre, sino que es teológica y teopragmática. Destaca la importancia de la percepción de lo cristiano, evitando extremos y buscando una evidencia verdadera de la revelación sin reducirla a medidas humanas. Pone énfasis en Cristo como el fenómeno originario de la revelación y encuentra en la estética una vía para superar las limitaciones de la filosofía postkantiana. Con posiciones cercanas a la fenomenología, pero siempre desde una posición realista.
Experimentar la belleza es para Balthasar algo irresistible y liberador, y la revelación tiene un carácter personal: el amor de Dios como milagro. La «Gloria» es central en su teología, conjugando la gracia del amor y la verdad, la encarnación con la necesidad inherente de amor de Dios. Preserva la trascendencia de Dios, sin reducirlo a lo que el ser humano espera o exige. Entiende el temor de Dios como respeto-veneración.
El amor de Dios llama al ser humano. Este experimenta lo que es el amor, pero también que él no lo tiene, y se siente culpable. Este amor mueve al hombre a una conversión del corazón y del pensamiento, aunque constata una resistencia humana a creer en tal plenitud.
Balthasar subraya la perceptibilidad del amor, ejemplificada en la sonrisa de una madre a su hijo, que despierta el amor en el niño. En el rostro de Cristo Dios nos sonríe; es el comienzo del amor en cada persona. El encuentro «arquetípico» u original es el de Cristo con la Iglesia.
El amor como revelación es una cristología desde la revelación, y el amor como justificación y fe es una soteriología desde el amor. La praxis cristiana se entiende como una correspondencia al amor de Dios, y el amor configura existencialmente la vida cristiana tanto a nivel personal como eclesial. Finalmente, el amor es la luz del mundo, integrando fe y razón.
- Vía cosmológica
- Vía antropológica
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