Prólogo e introducción

Contenido

Resumen del libro Dejarse amar y amar.

Dedicatoria e Invocación al Espíritu

El libro comienza con un himno del breviario alemán. Demuestra, ya de primeras, la intención del libro. Se busca una relación cercana con la Trinidad. No con el Dios uno —no en primer lugar—, sino con el Dios Trino.

Acto seguido, pone una invocación al Espíritu, a partir de dos himnos de la Tradición. Solo el Espíritu garantiza que este libro, que la asignatura, tiene sentido. El Espíritu es transformador de la vida humana. ¿Será eso lo que haga esta asignatura? Invocarlo significa tener al Padre y al Hijo con nosotros.

Disponerse es situarse para aceptar la Trinidad, para acoger el plan de Dios en mi vida. El Espíritu es el lazo de unión entre la Trinidad y los creyentes. Es la forma de estar del Padre en el mundo.

Con Jesús, Dios se muestra como Padre, Hijo y Espíritu. Jesús vive como Hijo del Padre eterno, bueno. Por la acción del Espíritu, somos acogidos en esa comunión de amor. Esa es nuestra alegría (creer con gozo y experimentar la fe). La existencia del creyente tiene una dimensión trinitaria, que se expresa especialmente en los sacramentos. Somos trinitarios, porque nuestro Dios es trinitario.1

La Trinidad debe ser fuente primera y principal de la renovación vital y del camino interior. Vocación: dejarse amar. Misión: amar. Dejándose amar por el Padre, acabamos amando a los demás como él ama. Para ello, basta aceptarla libre y conscientemente, pues tal y como se entregan las tres Personas entre ellas, se entregan a nosotros. Son el Amante, el Amado y el Amor. El acceso a la Trinidad viene por el encuentro con Jesucristo, en la oración, los sacramentos y los hermanos. Hay que rescatar el dogma trinitario, haciéndolo experiencial y actual.2 Hay que confesar a la Trinidad, buscar amar y vivir en ese amor. La revelación del Hijo nos dirige siempre al Padre, no a Yahvé. En la Encarnación y en la Pascua (los dos ejes de la elipsis cristológica3) se manifiesta el amor de Jesucristo, reflejo del amor trinitario. El Padre envío a su Hijo, por obra del Espíritu, por amor a los hombres. El Hijo nos amó y se entregó por nuestra salvación. El Padre, por su Espíritu, creador y dador de vida, resucitó al Hijo.

Amor trinitario y fraternidad humana

La unión con la Trinidad hace posible también la unión con los hermanos. La unión la lleva a cabo el Hijo, mediante el Espíritu. Estamos llamados a ser reflejo de la Comunidad trinitaria (amados y entregados). Viviendo el amor de la Trinidad, podremos entender el misterio Trinitario revelado en cada situación. No basta reflexionar, hay que dejarse amar, para poder amar. Para acceder a la Trinidad, primero hay que amar, luego llegará la teología.

La Trinidad es primer fundamento (causa trascendental), porque la realidad tiene su origen en su amor. También es último fundamento, porque la realidad tiene a la plenificación según los designios del Padre, Hijo y Espíritu.

La meta es llegar al centro de la fe cristiana para que se haga experiencia real y vivida. Tenemos que conformar nuestra existencia diaria concreta desde las Tres Personas, núcleo de nuestra fe. Esto nos ayudará a entender mejor al hombre, a nosotros mismos, a la Iglesia, al mundo; a una mejor comunidad. La Trinidad ha estado siempre aislada de la espiritualidad. Antes se buscaba salvar la distinción de Personas/Sustancia y entender racionalmente la Trinidad. En el presente, V.II ha unido la misión de la Trinidad y la de la Iglesia. Así, nuestra propia misión deriva también de la misión trinitaria y se inserta en la Iglesia. Con todo, falta la experiencia de la Trinidad. Acogiendo (receptio) a la Trinidad y siguiendo sus designios caminamos hacia —llegamos a— la felicidad.

El reto de hoy es posibilitar en la conciencia creyente la experiencia trinitaria, sabiendo que las tres Personas nos aman y quieren entablar un diálogo permanente de amor. La Trinidad siempre conserva la iniciativa, pero debemos estar dispuestos a aceptarla (buena disposición y libre apertura).

El autor quiere: 1. Situar al Dios Trino en nuestro interior, para una comprensión espiritual de la Escritura, para ver cómo obra la Trinidad y qué significa para nuestra vida diaria. 2. Renovar el lenguaje, para mostrar que la Trinidad sigue viva en nosotros. 3. Conectar con los lectores con una exposición sencilla y atrayente.

No basta con hacer algo, ni ser ortodoxos, hay que aunar la experiencia trinitaria a la reflexión.

Esencialmente: quiere colocar al Dios de Jesucristo, a las Tres Personas que son Uno, en el centro del centro de nuestro ser y quehacer. La Trinidad nos ama más que nosotros a nosotros mismos. Nos da libertad. En su silencio, quiere que su misericordia se muestre a través de nuestra libertad y acción.

Introducción

Pasado, presente y futuro

A pesar de los esfuerzos del V.II, la Trinidad ha sido siempre tema de estudio en cuanto a los conceptos y su claridad; no núcleo vital y afectivo de la teología y la espiritualidad. Siendo la Trinidad el principal impulsor de la Historia de la Salvación, las frases tan sabidas se han quedado en el papel.

La Trinidad concreta la identidad esencial del Dios cristiano, como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta identidad se basa en el amor entre las tres Personas, que se desborda en el hombre.

En el A.T. la Trinidad obra, pero solo se veía como atributos divinos (Palabra, Espíritu, Sabiduría...). En el N.T. se empieza a revelar la unidad y diversidad de Dios en las tres Personas, pero sin claridad de conceptos ni sistemáticamente. Es Jesús, en su autoconciencia, quien lo va revelando, y es eso mismo lo que queda reflejado en el N.T. (Mt 28,19; 1Cor 13,13; Ef 4,3-6).

Con los Santos Padres se empiezan a formular mejor los conceptos; sobre todo, en la confesión litúrgica (bautismo y eucaristía), que va marcando la conciencia del Pueblo de Dios: el único Dios subsiste en Tres Personas. En Nicea (325) se proclama la divinidad de Jesucrsito. En I Constantinopla (381) se proclama la del Espíritu.

San Agustín supone un punto de inflexión con el De Trinitate. Dice que, siendo la misma sustancia, Padre e Hijo son diversos según las relaciones (que no son accidentales). El Espíritu procede de ambos, aunque principalmente del Padre. Se estudia la unidad y distinción, la vida ad intra y ad extra, las relaciones y procesiones. IV Letrán (1215) define la fe católica en las \"tres personas ciertamente, pero una sola esencia, sustancia o naturaleza absolutamente simple\" (DS 428).

En el núcleo, están las relaciones. Cada Persona está en relación específica con las otras dos. Persona y relación van unidas. Dios es relación de Vida y Amor. El Protestantismo, y el catolicismo después de Trento (1545-63) desatendieron una espiritualidad trinitaria. Los ortodoxos sí han mantenido la Trinidad. V.II adoptó formulaciones trinitarias magistrales. Destaca el primer capítulo de LG. En el fondo, todo nace de la fe en la Resurrección de Jesús. Con la Resurrección, las tres Personas se vinculan de manera indestructible.

Ahora, la Trinidad enseñada y proclamada no ha sido vivida. Aparecen algunas voces femeninas en la historia como Hildegarda, Teresa o Isabel de la Trinidad, que hicieron de la Trinidad el centro de su mística. Pero la gran mayoría de las veces, la reflexión teológica a superado a la vivencia eclesial. Con todo, la vivencia habrá de hacerse en la expresión cercana, viendo cómo la Trinidad se acerca a los hombres y cómo los hombres podemos acoger al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

El existir cristiano, es el paso al ser, a la fe. Nos conocemos cuando empezamos a introducirnos en el misterio trinitario, experimentando a cada una de las Personas, y creciendo en una relación de amor con ellos. La persona, mi ser propio, es relación para salir de sí misma y entrar en comunión de amor. Cuanto más ama y se entrega uno, mejor puede conocer el proceder trinitario. Y, al revés, cuanto más entramos en el misterio trinitario, más podemos empatizar con el mundo, y más nos enfrenta con el acontecer diario. Esta vida interior, testimoniada ante los demás, puede marcar la espiritualidad cristiana.

La experiencia de la Trinidad se da conforme se dejan de lado las abstracciones y se pasa a una actuación concreta. No podemos quedarnos con un Dios perfecto, pero ajeno a la humanidad. Para este acercamiento es necesaria la alabanza frecuente, la escucha atenta de la Palabra y la puesta en práctica de los designios trinitarios. Debe haber, finalmente, una comunión sentida con la Trinidad.

Dice san Buenaventura que para creer en la existencia del Dios Trino y Uno es necesario que la inteligencia esté informada de la piedad. El creyente debe vivir con la certeza de que las tres Personas le acompañan en el día a día. Esto es tarea de todo el Pueblo de Dios, no solo de sacerdotes y religiosos.

Siete aclaraciones

  1. La enseñanza trinitaria es nuclear en la teología, no una parte sin más. Al mismo tiempo, en todas las asignaturas de haber una exposición desde la Trinidad.
  2. No hay que explicar tanto lo que es en sí, sino lo que la Trinidad significa para nosotros. Debemos aprender a participar en la vida trinitaria y en las misiones de la Trinidad.
  3. Para comprender humanamente la Trinidad es necesario tener experiencia de ella, a través del contacto y el trato diario.
  4. La Trinidad se abaja hasta nosotros, siempre. Hay que conocer sus dones y abrazarlos. Siempre podemos seguir creciendo en su amor.
  5. La Trinidad se muestra allí donde estamos. No es cuestión de teorizar, sino de abrirse a ella.
  6. Cada uno tiene su camino propio que recorrer, y su modo de acercarse a la Trinidad. Fundamentalmente, será dejarse amar y amar.
  7. El Dios cristiano siempre obra de forma trinitaria. Este obrar trinitario es manifestación misma de su Ser Trinitario. Es una estructura salvadora. El Dios Trinidad es Creador y Salvador. El hombre administra y conserva la Creación.

La nueva tesis propuesta

Se busca una respuesta espiritual más centrada en la experiencia trinitaria que en la reflexión teológica. Más silencio y oración que raciocinio. Debemos participar en la vida trinitaria. Es reconocimiento y adoración de la Trinidad; acción de gracias y alabanza.

La Iglesia también ha de ponerse bajo los designios bienhechores de la Trinidad, manifestada en Cristo. La Trinidad se manifiesta como comunicación real, diálogo permanente y amor y unitivo, convirtiéndose en paradigma de nuestro ser y en modelo de nuestro obrar.

Siete consecuencias dimanantes de la tesis

  1. No puede haber complicaciones intelectuales. Partimos del afecto.
  2. Hay que transformar los contenidos, purificándolos y evitando abstracciones.
  3. La Trinidad no es un fardo pesado para la espiritualidad cristiana; sino su fundamento.
  4. Aunque hay mucho material cognitivo, buscamos conocimientos más cálidos, para que la gracia trinitaria descanse en cada uno de nosotros.
  5. Hay ejercitar el arte de la escucha, el silencio y la oración.
  6. La experiencia trinitaria nos hace contemplativos, convirtiendo la humanidad en una fraternidad. El hombre se hace más receptivo y vive, unido a la Trinidad, en permanente actualidad.
  7. La Trinidad expande su amor incorporando a las personas a su familia de hijos y hermanos. Descubrimos en la Cruz que estamos llamados a aceptar el sufrimiento, sabiendo que lo venceremos. La Cruz es anuncio de la resurrección por la fuerza del amor. La Trinidad nos hace sensibles al dolor, pero sobre todo a la felicidad. La felicidad presupone el sufrimiento.

Contrapunto al Libro de Job

El libro de Job nos muestra una crisis existencial de difícil salida. La Trinidad encauza el sinsentido del sufrimiento; pues siempre permanecemos como hijos suyos y hermanos en su familia. Nos da un Padre, nos da sabiduría. En Job no cabe el amor para paliar el dolor; en Cristo sí, para superarlo. Dios, en el Crucificado, se hace entrañablemente cercano. El dolor no es el final del camino.\ La Cruz es el punto más alto de la revelación trinitaria. El Padre sufre con nosotros en su Hijo crucificado. El Espíritu hace fecundo ese dolor. La Trinidad transforma el dolor en amor. Esto lo hace entrando en el mismo desgarro y acompañándonos con su consoladora compasión. Somos la única criatura terrestre a la que la Trinidad ha amado por sí misma. Aun con todo, el sufrimiento siempre tiene algo de mistérico, que solo se resolverá cuando contemplemos a la Trinidad cara a cara. El sufrimiento tendrá un final. Algún día entraremos en comunión plena con la Trinidad.

La Trinidad no permite que el justo sea aniquilado. Dios me saca de la nada e impide que vuelva a la nada.


  1. Si estamos hechos a imagen de Dios, somos también trinitarios. 

  2. La Nouvelle Theologie intenta renovar esto, y LG en el V.II también. 

  3. En la Edad Media todo gira en torno a Dios. En el barroco y la Edad Moderna se gira en torno a dos focos, Dios y el hombre.