1. Acceso a la Trinidad

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Resumen del libro Dejarse amar y amar.

{55} Por la fe, que las tres personas nos dan, podemos acceder a la Trinidad. La fe sirve para que nos encontremos con su amor desbordante. La Iglesia, como comunidad, media en la fe, pero esta es un regalo de Dios.

1. La fe confesada y vivida

Letrán IV confiesa: «El Padre no viene de nadie, el Hijo del Padre solo, y el E. S. a la vez de los dos. Sin comienzo, siempre y sin fin». Existe un Padre (principio supremo de realidad; fundamento de bondad, verdad y hermosura), un Hijo (filiación y fraternidad) y un Espíritu (amor creativo y generador de vida). Ahora, esta confesión debe tener un contenido vital, que apasione. La Trinidad interesa al hombre de manera absoluta, le conduce a la felicidad. El hombre puede experimentar su amor, y tiene la invitación de amar a los demás, para una felicidad definitiva y plena.

1.1. La plenitud de la vida trinitaria

{56} No podremos comprender completamente la Unidad trinitaria, pero podemos admirarla como la más alta unidad. Las Tres Personas están referidas mutuamente en una recirculación unitaria de Vida y Amor (περιχὠρησις). Florencia (1431/47) lo define bien: lo que es el Padre, se lo dio al Hijo, y al Espíritu (salvo el ser Padre). \"El Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu\". Todos están totalmente en las otras dos Personas. Esto lleva a un desbordamiento infinito de Vida y Amor. Si no hay atracción religiosa a esta Vida y Amor, no podremos experimentar a la Trinidad; aunque nunca la experimentemos del todo.

1.2. La plenitud del amor trinitario

{57} Tanto se nos acerca la Trinidad, tan dentro está, que quien se abre a ella puede sentirse amado y amar a los demás. La Trinidad le acompaña siempre, le encamina a la felicidad. Esta siempre comunica vida, participación en el perfeccionamiento de la creación. La Trinidad ofrece la gracia; no hay odio, sino amor. La Trinidad será centro de nuestra vida de manera libre, consciente y responsable; si no, no. Sin afecto con ella, no hay encuentro. La Trinidad nos ayuda a cambiar hábitos, de acuerdo a Dios (seguimiento de Cristo, filiación), de cara a los hermanos (fraternidad). La acción de la Trinidad supone un plan de amor (para la humanidad y el mundo). Nosotros somos parte de ese proyecto.

2. ¿Qué es la experiencia trinitaria?

{58} La Trinidad nos llega, primero, por el afecto, por la experiencia, elegida y consentida. Si penetra, debe ser ajustándose a lo humano; partiendo desde nuestra experiencia más cercana, la familia. Esta experiencia trinitaria anida en el corazón, y se realiza en nuestra subjetividad humana. Es proceso permanente, en consonancia con la vida misma; y, así, sustenta todo lo demás. Trasciende la realidad material, pero se vive en la realidad física, con símbolos. Pero es difícil de definir. Es el modo concreto que cada divina Persona tiene para entrar en la vida de la persona. A más implantación de la experiencia, más presencia y actuación de las Tres Personas en el corazón, que deriva en el amor.

2.1. El desbordamiento experiencial

{60} El encuentro con la Trinidad es un descubrimiento radical. Deja una huella imborrable e inenarrable. Transforma, da sentido, conduce a la acción. Estamos seguros de que las Tres P. están vueltas constantemente hacia nosotros. Asombra, renueva y nos mantiene atentos a las maravillas que se obran en nosotros. Ahora, nos desborda. Es muy simbólica, metafórica y contradictoria. El alma queda insatisfecha, pues quiere más. Te lleva a ser más. Esta diferencia antropológica (entre el ahora y la plenitud) es la base de la realidad simbólica, de la analogía, que habla del Padre bueno, que entra en el interior humano con su amor.

2.2. La importancia de los símbolos y del lenguaje

{61} El lenguaje simbólico es constitutivo de la mediación de la experiencia trinitaria (Padre, Hijo, Logos, Espíritu). A través del símbolo percibimos algo trascendente, lo trinitario. En la bíblica, los símbolos pueden ser materiales, animales o personales (familia). Los símbolos generan imágenes, que nos llevan a su contenido (e. g. la misericordia del Padre en la parábola). Sin ellos, no podríamos acercarnos a la Trinidad. Los símbolos, de forma positiva y negativa, tienen capacidad de trascendencia. El E. S. es el que más símbolos necesita, porque no tiene rostro. Nuestro lenguaje es necesario, pero también inadecuado e incompleto; es referencial y orientativo, con miras a la experiencia. Queremos y no podemos, y así damos gloria a las Tres Personas.

2.3. Experiencia y fe

{62} La experiencia trinitaria es más que doctrina, es convencimiento profunda que nos transforma; es sabiduría afectuosa. Anida en lo más íntimo de la fe y es casi intransferible. La fe y el afecto son personales y subjetivos. Por la Trinidad quedamos afectados, pero nos podemos encontrar por la atención, la sensibilidad, el afecto o el dinamismo de la apertura interior. Es experiencia única, de cada cual. Esta experiencia, infranqueable para otros, se actualiza en la liturgia y los sacramentos. Creciendo, tiene eficacia en la propia vida y en la misión a los demás.

2.4. Experiencia y alabanza

{64} La experiencia trinitaria nos lleva a la alabanza a las tres Personas, mucho más que la trinitariología especulativa. Más nos acerca la adoración y la acción de gracias que definiciones y distinciones teóricas. La teología servirá si acaba en doxología y experiencia. No hay contraposición, pero es mejor la experiencia. A la teología sin alabanza le falta algo. La alabanza sin contenido es sentimentalismo estéril. La experiencia es siempre confesante y testimoniante, se da en la vida real y verdadera, hacia una actuación, en comunidad. Nos compromete. La auténtica experiencia lleva al testimonio verdadero.

2.5. La experiencia de la Trinidad y de los otros

{65} La experiencia trinitaria lleva a la conversión cuando se une a la experiencia de los otros. La Trinidad no se encierra en sí, sino que nos proporciona vida. Nuestra apertura a la Trinidad debe pasar al mismo tiempo por la apertura a los hombres sin excepción. Si contemplamos al Padre en Jesús, también contemplaremos a los hermanos con los que se identifica el Hijo. El Espíritu lo posibilita. Por tanto, la persona tiene una dignidad inigualable, imagen y semejanza del Padre y del Hijo por la fuerza del Espíritu. En su relación de amor debe estar integrada la humanidad entera. La Trinidad es Amor (libre, fecundo, comprometido y comunicativo). El Amor es Trinidad (la esencia del amor se despliega en Tres Realidades). El amor divino deja huellas en los hombres, que podemos reconocer porque nuestra vida se va en ello.

3. La experiencia de la Trinidad y la comunicación mutua

{66} La relación manifiesta lo que uno es; y esto se realiza en el diálogo. En el diálogo hay presencia, con ella puede darse una relación con exigencia y respuesta. La Trinidad se ocupa y preocupa de mí. Está siempre dispuesta, y quiere que hagamos lo mismo con ella, acercándonos sin prevenciones, con un corazón bien dispuesto, con conciencia, libertad y responsabilidad. Encontrarse con la Trinidad es encontrarse con los hombres. Nos convertimos en manos de la Trinidad, realizando el deseo de hermandad del Padre; sobre todo con los débiles y pequeños. Llegar a la Trinidad es, también, ayudar a los hermanos. Se \"retroalimentan\", en un círculo positivo sin fin. Penetrando en la Trinidad se conoce la ultimidad del hombre y se contrasta la fragilidad del mundo. Somos imagen y semejanza de la Trinidad; solo en ella podemos comprender nuestra realidad. Hombre, historia y salvación están anclados en el misterio de la Trinidad. Por el entendimiento, movido por la Palabra, llegamos a la contemplación, a la vivencia de la Trinidad en la Unidad.

El conocimiento nos lleva a realidades espirituales que no conocíamos, pero también a una experiencia espiritual fuerte y satisfactoria. Pensar lleva a pensar en lo trascendente y esto a pensar en la Trinidad, guiados por la fe. Más aún cuando se convierte en práctica comunitaria, en una atmósfera espiritual. Conocemos, vivimos y amamos la Trinidad para hacerla vivir y amar mediante la proposición y el testimonio comprometido. Queremos infundir verdades vitales, que lleven a la acción de amor gozoso y a la vivencia transformadora. Experimentar a la Trinidad es crear apertura y comunión con las tres Personas, para sentirnos amados como hijos, y amar y acoger a todos como hermanos (por la obediencia de la fe). Esto es lo más genuino de la experiencia cristiana: el nosotros en Dios y en los hombres.

4. La fe trinitaria de la Iglesia

{69} La fe es de la Trinidad (nos la comunica). Se verifica en la experiencia de las tres Personas. La vivimos en los sacramentos y el testimonio. Es trinitariocéntrica, pero se celebra, experimenta y testimonia en la Iglesia: soberanía del Padre, salvación del Hijo y santificación del Espíritu. En la Iglesia se hace visible la Trinidad; se verifica la gracia y salvación que esta ofrece. Es misterio de comunión con la Trinidad y sacramento universal de salvación. Es familia del Padre, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu. La Iglesia (1) parte del proyecto amoroso del Padre, realizado en la misión del Hijo, vivido en la comunión del Espíritu. Es alargamiento y participación de Dios (Padre, Hijo y Espíritu). (2) Debe ser instrumento personal activo de las tres Personas para hacer presente y comunicar la salvación a los hombres, en un tiempo y lugar concretos: por vía sacramental y vía invisible (fe y obediencia).

La Iglesia viene de la Trinidad y retorna a ella, llevándonos a nosotros, convertidos en familia trinitaria. Estas realidades tienen que ser conocidas y vividas. No pueden quedarse en conceptos teóricos, sino que tienen que verificarse en la espiritualidad de cada creyente. La fe trinitaria implica reconocernos hijos y hermanos en la Iglesia (madre). Madre con imperfección y pecado, pero que transparenta la santidad trinitaria (fe, esparanza, sacramentos y amor). Esta santidad tiene un elemento personal concreto, representado en María (madre de Jesús y nuestra). La Iglesia y nosotros nos fijamos en ella para caminar en la santidad. (LG 64). En resumen, la experiencia trinitaria nos hace conscientes de que en la Iglesia vivimos la Trinidad como hijos y hermanos y nos entregamos a la práctica del amor. La Trinidad se manifiesta en la vida y misión de una Iglesia santa y pecadora.

5. A través de la fe, «movida por el amor»

{71} No hay acceso a la Trinidad sin la fe practicada y testimoniada en la Iglesia. Esta brota de saber que el Padre comunica su Palabra a través del Espíritu. Posibilita la experiencia de la Trinidad, con una relación estrecha con las tres Personas. Nos sitúa por encima de cualquier enseñanza y lleva al encuentro de los Tres que se nos autocomunican. La vivencia trinitaria supera a la inteligencia. A mayor trato, mayor saber auténtico, mayor sabiduría del alma. Con el amor en el centro, se va dando un intercambio de sentimientos y emociones, conforme se da cabida en el interior a las tres Personas. El creyente se inspira en las obras de la Trinidad para dar sentido a su actuar en el mundo. No hay plenitud sin entrega sincera de sí a los demás (GS 24,3). El verdadero humanismo se enraíza en la imitación del comportamiento trinitario. A mayor imitación de las tres Personas, más pasaremos por la vida haciendo el bien. Contemplar a la Trinidad nos hace más humanos y más divinos. Como la Trinidad se comporta (manifestada en Cristo) con la humanidad, así también nosotros. Es más, el creyente no está fuera o por encima de la naturaleza; se integra en ella, la cuida (como lo hace la Trinidad). La Trinidad se preocupa de ella y se sirve de nosotros para conservarla, perfeccionarla y embellecerla. Es parte imprescindible de la fe, movida por el amor. La naturaleza es casa, pero también madre y hermana.

6. Conocer y amar

{73} Sin amor, no podemos comprender lo que la Trinidad es. El corazón bien dispuesto es el lugar del encuentro. Integra lo intelectual, pero va mucho más allá. Lleva a la gran cuestión, el ejercicio del amor. La Trinidad está en nosotros para amar y dejarse amar. Quiere que nosotros hagamos lo mismo, con Dios Trino y con los demás, en reciprocidad. La Trinidad se da cuando el creyente está dispuesto a acogerla, con sencillez y humildad. No hay que demostrar nada, sino experimentarla. Sin ello, no hay sincera reflexión, ni teología posible; pues esta debe llevar a la mistagogía (conocimiento amoroso que inicia al creyente), fundamental en la evangelización. No basta la curiosidad histórica que, en lugar de comprometer, lleva a la dureza del corazón.

7. Una nueva relación con la Trinidad, que nos hace bienaventurados

{75} En Jesús irrumpe una nueva forma de conocer al Dios Trino y relacionarse con la presencia divina, que siempre está con nosotros («Muchos desearon ver lo que veis...» Mt 13,16-17). En Cristo el Padre se ha abajado, y nosotros hemos ascendido a la Trinidad. Quien vive así, está al amparo de la soberanía de gracia del Padre (su misma entrega) y participa de los secretos del Hijo (filiación y fraternidad). Los discípulos son dichosos porque ya escuchan y actualizan esta buena noticia; es la experiencia propia de los seguidores del Maestro. Se distancian del judaísmo y viven una experiencia nueva. La promesa se cumple, se da un cambio radical, con una relación nueva entre Dios, los hombres y el mundo. La dicha viene de poder mantener una relación viva y familiar con la Trinidad, que nadie puede arrebatar: el Padre nos mima, el Hijo nos llama hermanos y el Espíritu nos insufla su aliento creador para vivir como hijos y hermanos. Esta alegría (el estar la Trinidad con nosotros) debe ser nuestro santo y seña del trabajo cotidiano; lo que nos distinga. Es nuestra perla y tesoro. El amor trinitario nos llega a transformar cualitativamente. Esto nos lleva a comportarnos con una dignidad inigualable. Así lo han querido las tres Personas. Así lo ha proclamado Jesús. Este es el centro del Evangelio. Viviendo y obrando así, encontraremos sentido a nuestras vidas. [Y llevará a la alabanza]

El amor y la vida se originan en el Padre; se nos brindan en el Hijo humanado y nos los comunica el Espíritu, mediante la mediación de la Iglesia (sacramentos), que lugar privilegiado de encuentro con la Trinidad y nos proporciona una experiencia trinitaria única. La Iglesia no sustituye a las tres Personas, pero las hace perceptibles, las transparenta. Al dejar de percibir la dimensión de la realidad, nos distanciamos de las tres Personas, y cerramos nuestro corazón. Si perdemos el sentido de la realidad, no podemos transfigurarla, ni percibir la presencia y acción trinitarias. Sin obediencia a la realidad, acabamos en crisis existencial.

Contrapunto: Razones para la fe

  • {77} ¿En quién crees tú? Creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Se proclama en la Eucaristía, se confiesa en el bautismo y se repite en la Vigilia Pascual.
  • ¿A quién crees tú Creo al Padre, al Hijo y al Espíritu. La fe está dirigida hacia ellos, porque son dignos de total consentimiento, confianza, credibilidad y fidelidad. Son Amor, y también Verdad. Estamos salvados por pura gracia (Ef 2,5), mediante la fe, don de Dios (Ef 2,8s).
  • ¿Qué crees tú? Creo que el Padre es el Soberano, origen de todo y causa trascendental. Creo que el Hijo se hizo uno de los nuestros. Murió por nosotros y fue resucitado por la Trinidad para nuestra salvación. Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, que con su impulso vital lleva a los hombres y a todas las cosas hacia su realización personal y cósmica.

Encontrándome con Cristo me oriento hacia el Evangelio. Descubriéndole a él descubro la actuación trinitaria en mí. El Padre es mi padre, el Espíritu me impulsa a entender a Jesús, vivir su mensaje, mantenerme en el amor del Padre y tener los mismos sentimientos que el Maestro. Creemos en el Amor trinitario. Esa es la razón de nuestra vida, y nuestra opción fundamental por las tres Personas. En la duda, en la hora amarga, pon la mirada en el Padre, pide al Espíritu que te sostenga. Cristo en la Cruz sigue en tu vida, y te llama a la resurrección. El Padre te acompaña siempre de la mano, más en la dificultad. Jesucristo siempre te llama. El Espíritu transmite la luz que necesitas. Comparte tus vacilaciones con quien te puede ayudar. La fe permite la duda, y la Trinidad siempre se mantiene firme en su Amor por tí. La fe en el amor que la Trinidad nos quiere proporcionar nos puede hacer santos, si permanecemos firmes, fieles y enraizados en la esperanza (cf. Col 1,23). Reflexión: Estamos llamados a ser portadores de amor, esperanza y fe. También en la duda y dificultad, aunque no lo veamos. Oración: Padre, somos pecadores, únenos a tu Hijo, para actualizar hoy su amor, su entrega a Ti y a tu proyecto de amor. Que seamos transformados con el Espíritu por la fe.