5. El Concilio de Trento

Quinto tema del curso de hermenéutica.

Busca quitar los errores y que se conserve en la Iglesia la pureza del Evangelio. Lo promulgó Cristo y mando predicarlo a sus Apóstoles a toda criatura. Es fuente de toda saludable verdad y disciplina de costumbres. Estas se contienen en la Escritura y en la Tradición, desde los apóstoles. Se veneran todos los libros del A. T. y N. T. —pues Dios es autor de ambos—, y las mismas tradiciones (de fe y costumbres), dadas por Cristo o por el Espíritu, y conservadas por continua sucesión en la Iglesia Católica. [Se añade aquí el canon de los libros sagrados]. Hay que aceptarlos todos, íntegramente, en la antigua edición vulgata latina, que es la única auténtica.1

Trento fue una reacción al luteranismo, también en lo referente a la Escritura. Señala que nadie puede interpretar la Escritura, en materia de fe y costumbre, contra el sentido que le ha dado y da la Iglesia —que es quien puede juzgar el verdadero sentido e interpretación de la Escritura— o contra el sentir de los Padres.

Los teólogos post-tridentinos desarrollaron más las nociones de la inspiración que los principios hermenéuticos; aunque de lo primero derivará lo segundo.
- Melchor Cano, O.P. (1506-1560) en De locis theologicis distingue entre revelación (una verdad que la razón humana no puede conocer) e inspiración (la ayuda del Espíritu para que el conocimiento humano quede escrito sin error).
- Domingo Báñez, O.P. (1582-1604) también distingue entre revelación e inspiración. En algunos casos, ve la inspiración como dictatio verbalis; esto es, palabras dictadas tal cual.
- Roberto Belarmino, S.J. (1542-1621) lleva la inerrancia a todas las palabras de la Escritura, pues todas pertenecen a la fe, por estar dictadas por Dios.

Estos teólogos son maximalistas, y cercanos a la interpretación protestante. En contra, Francisco Suárez, S.J. (1548-1617), minimalista, se separa el dictado verbal: el Espíritu deja libre al escritor, para que escriba a su modo; no hace falta que sea consciente de ser inspirado. Leonardo Lessius, S.J. (1554-1623), sostenía: (1) no hace falta que cada palabra haya sido inspirada por el Espíritu; (2) no hace falta que cada verdad o proposición esté inmediatamente inspirada al escritor; (3) un libro escrito como obra humana, sin inspiración del Espíritu, si se atestigua como carente de errores, se convierte en inspirado. Su discípulo Jacques Bonfrère, S.J. llama a esta última inspiratio consequens: el Espíritu asume como suyas palabras humanas previamente no inspiradas. Henry Holden (1596-1662) restringe la inspiración a los contenidos doctrinales o verdades estrechamente relacionadas.

Diferencias hasta el momento: literalidad/anagogía; tradición; inspiración. Todos los cristianos aceptaban: existencia de Dios; la revelación; los milagros; la Escritura como libro sagrado a interpretar; distinción entre natural y sobrenatural. Desde el XVII y XVIII, con el racionalismo, todo va a cambiar.


  1. Sesión IV del Concilio de Trento, 8-04-1546.