2. Hermenéutica en la Sagrada Escritura
Contenido
Segundo tema del curso de hermenéutica.
Vetus in Vetere
La interpretación de la Biblia comienza en la propia Biblia, tanto en el A. T. como en el N. T. (2Pe 1,19-21). Hay dos tipos de interpretación: pesat y deras. Los primeros buscan explicar las dificultades del texto bíblicos, los segundo fundamentar en la Escritura las normas legales que no están en la Torah. También hay reglas qal wahomer1, donde el intérprete comienza por la premisa menor para pasar a la mayor.
En el A. T. también se reelaboran tradiciones recogidas en libros anteriores [Jr 17,21-22 (profético) reelabora Dt 5,12-14 (legislativo)]. Estas reelaboraciones pueden ser teológicas. Ahí se incluyen las interpretaciones tipológicas (cósmicas, históricas, geográficas, de personajes bíblicos), de un hecho o persona a un nuevo acontecimiento o mesías. De igual modo, un texto bíblico puede interpretar otros textos previos, armonizándolos.2 También se pueden interpolar palabras en textos bíblicos previos para interpretarlos y convertirlos en nuevos textos.
Vetus in Novo
La cita
En la cita se asume el texto veterotestamentario como voz autorizada que confirma o fundamenta las aserciones del Nuevo. Normalmente, se da una indicación de que se va a reproducir un texto, o se pone la cita textual («así está escrito», «como dice el profeta», «¿no habéis leído…?»). Ahora, la cita no se da como la entendemos hoy, pues suele haber cambios. Esto se debe a la varidad de fuentes, a la libertad, y a la tradición que acompañaba a la Revelación en el A. T.
El texto asumido, aun formando parte del texto que lo asume, se distingue de él y permanece distinto. Representa un lazo de unión con otra instancia y un reclamo de ella.
La alusión
En la alusión, el autor asume un texto, una imagen o una terminología, deliberada o inconscientemente, pero nunca explicitando que se hace la alusión. No está vinculado a la letra del texto asumido y puede modificarlo libremente.
El autor toma las palabras y las integran en el nuevo discurso, hasta que no se reconoce su presencia. El elemento al que se alude pierde su autonomía. Las alusiones son más difíciles de reconocer, pero permite captar relaciones y referencias a otras instancias, que contribuyen a una percepción más adecuada del texto.
Criterio para reconocer una alusión: cierta correspondencia verbal; pertinencia temática; correspondencia en secuencias narrativas, estructuras sintácticas, modelos literarios y figurativos; utilización del mismo texto en otros lugares, preferencia de un libro por el autor, presencia de otras alusiones.
Modalidades concretas de alusión:
- Recurso a un texto identificable: Sobre todo Ap y Hch 7.
- Recurso genérico a la Escritura (a toda su teología o historia): Lc 24,27 («comenzando por Moisés…»); Jn 20,9 («no habían entendido la Escritura…»). Aquí toda la Escritura se encamina, como profecía, hacia su cumplimiento en el hecho cristiano.
- Préstamos de vocabulario o lenguaje: Lc 3,1-2 (relatos de vocación proféticos); expresiones como «día del juicio», «último día», «día del Señor»; o palabras del A. T. como esklerokardia (dureza de corazón), diathéke (alianza), nomos (ley), dikaiosýne (justicia).
- Empleo de imágenes, figuras, géneros literarios: buen pastor (Jn 10 / Ez) o la vid (Jn 15 / Jr 2,22). También genealogías, máximas sapienciales, relatos apocalípticos…Destacan el Magníficat y el Benedictus; también la carta de Judas.
- Referencias a acontecimientos: David comiendo los panes del templo (Mt 12,3-4); Serpiente de Moisés (Jn 3,13); velo de Moisés (2Cor 3,13); encuentro de Moisés con Melquisedec (Hb 7,1-2).