3.5 Wittgenstein y la filosofía analítica

Contenido

Parte del curso de Filosofía de la religión.

1. La filosofía analítica

La filosofía analítica es una de las corrientes filosóficas más importantes desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. No constituye una escuela unitaria, sino una forma de hacer filosofía centrada en el análisis, que es practicada por diversos autores que abordan temas filosóficos con un estilo similar. Se desarrolla principalmente en Cambridge y Oxford, donde los filósofos analíticos, aunque no siempre coinciden en sus doctrinas, comparten un enfoque basado en el estudio del lenguaje para comprender mejor el mundo.

El análisis filosófico consiste en descomponer un problema en sus partes y reformularlo para obtener una mejor solución. Se centra especialmente en el lenguaje, hasta el punto de que la filosofía analítica también se conoce como filosofía del lenguaje o filosofía lingüística. Gottlob Frege es considerado el iniciador de la lógica contemporánea y la filosofía del lenguaje, al sostener que el significado reside en cómo las palabras y oraciones se emplean en el mundo para presentar las cosas como son, sin depender de factores psicológicos. Otros destacados filósofos analíticos son Bertrand Russell y George Edward Moore.

2. Wittgenstein y la religión

2.1 El primer Wittgenstein

En el Tractatus logico-philosophicus, Wittgenstein (1889-1951) sitúa lo valioso (ética, estética y religión) fuera de lo que se puede decir, en el ámbito de lo místico. Lo místico no puede expresarse en palabras, sino que simplemente se muestra; es el qué de las cosas, el sentir el mundo como un todo. Los valores no pertenecen al campo de las ciencias o del habla ordinaria, sino al campo del silencio. Del valor tenemos una visión o un sentimiento, no un conocimiento. En los hechos se muestra que algo, que podría ser incluso la nada, es el fondo de las cosas. Igualmente, en el lenguaje sobre el mundo se muestra lo que le trasciende. A lo que está «más alto» que los hechos solo llega nuestra voluntad.

Wittgenstein usa la palabra «Dios» con sentidos distintos, refiriéndose a la vida espiritual, al yo más profundo o al mundo visto como totalidad. Para él, Dios es lo mismo que el sentido de la vida y del mundo. La religión, el sentido del mundo que llamamos Dios, es trascendental. Esta, como resumen de lo místico (arte, moral) no es una creencia, y es incompatible con la teología. Es, en el fondo, vivencias personales. Wittgenstein es místico, no teólogo; pues lo importante para él es lo inefable. Dios es un Dios ausente que sustenta el mundo en vez de revelarse en él. La primera filosofía de Wittgenstein no es de mucha ayuda a una posible filosofía de la religión, siendo más fácil aprovecharla místicamente.

2.2 El segundo Wittgenstein

En su segunda etapa filosófica, Wittgenstein desarrolla los «juegos del lenguaje» (Investigaciones filosóficas), desde donde surgió una poderosa filosofía de la religión. Cada juego de lenguaje (como la ciencia o la religión) tiene sus propias reglas internas que determinan el significado de las palabras. Las reglas del lenguaje religioso son diferentes a las del lenguaje científico (e. g., no requieren verificación empírica). El lenguaje religioso es autónomo y no se puede reducir o derivar de otros juegos de lenguaje.

Las creencias religiosas no se fundamentan como las hipótesis empíricas, sino que se basan en experiencias personales y dan sentido a la vida entera. La religión expresa el sentido total de la existencia de una manera simbólica. No se puede refutar al creyente con métodos habituales, porque su creencia en la existencia de Dios está construida «solamente» sobre una vida (experiencias personales) y una praxis (acciones). El creyente está «muy seguro, suspendido en el aire». El creyente no cree en algo sin más; su creencia se capta en la acción. Este da un valor simbólico a sus experiencias más personales, en una praxis concreta.

Wittgenstein argumenta que la religión y la magia son reacciones expresivas a emociones profundas, no creencias teóricas. La creencia es una elaboración posterior a la emoción. Se sustituye la emoción por la palabra. Puede que después las impresiones se conviertan en creencias, por la fragilidad de las personas. Intentar explicar la religión con hipótesis científicas es un error que refleja nuestra incapacidad de mantenernos en lo simbólico; solo en lo simbólico podemos señalar el sentido de la vida. Para Wittgenstein, no se puede distinguir entre creencias positivas y magia técnica, al igual que es un error para el creyente caer en algún tipo de teología. Es como el dolor: primero gritas, luego pasas a la palabra («Ay»), y finalmente haces la oración («me duele la cabeza»).

Para Wittgenstein la religión es expresiva, universal y trata de decir lo más valioso que no se puede decir literalmente.

3. La originalidad de Wittgenstein

Wittgenstein tiene una visión original de la religión que se aleja de las corrientes ilustradas y marxistas que la consideran un error humano superable por el conocimiento. Para él, la religión es una expresión inherente del ser humano, más allá de su componente de protesta social. Wittgenstein muestra afinidad con la tradición judía, donde lo esencial es inexpresable y se revela en la acción. Su filosofía de la religión une respeto e inevitabilidad, adoptando una actitud hermenéutica en lugar de intelectualista. Invita a aproximarse a la religión de forma crítica, pero cuidadosa, reconociendo que, como todo lo importante, puede pervertirse y dar lugar a monstruos si se hace un mal uso de ella. La tarea del filósofo es precisamente evitar esos malos usos.