2.2 Kant

Contenido

Parte del curso de Filosofía de la religión.

1. Introducción

Immanuel Kant (1724-1804) se encontraba en una encrucijada intelectual, influenciado por el racionalismo de Leibniz y Wolff, el empirismo de Hume que cuestionaba la capacidad de la razón para fundamentar la fe, y la física matemática de Newton que demostraba la posibilidad de conocer la realidad. Kant se preguntaba cómo el ser humano descubre y se interesa por Dios, dado que la razón pura no lo posibilita.

Kant manejaba términos técnicos como postulado (proposiciones indemostrables, pero admitidas racionalmente), hecho del conocimiento (juicios de la física-matemática), hecho moral (juicios sobre el bien, la justicia, la felicidad…) y distinguía entre la realidad fenoménica (física) y nouménica (inteligible, metafísica). También diferenciaba entre razón pura (teórica, para conocer la realidad) y razón práctica (aplicada a la acción y la vida). Sabía que había juicios sintéticos a priori en la física y las matemáticas, y se preguntaba si eran posibles en la metafísica (huella humeana).

Kant es considerado «fundador» de la filosofía de la religión por su libro «La religión dentro de los límites de la mera razón» (1793). Su pensamiento religioso tiene dos etapas: el «criticismo» con una dimensión religiosa que afirma a Dios desde la conciencia moral (teísmo moral), y sus reflexiones explícitas sobre la religión en la última década de su vida (desde 1792). Sus grandes obras críticas son la «Crítica de la Razón pura» (1781), la «Crítica de la Razón práctica» (1788) y la «Crítica del Juicio» (1790).

2. La dimensión religiosa en la filosofía de Kant. Antecedentes del teísmo moral

Immanuel Kant (1724-1804) fue educado en el pietismo, un movimiento cristiano que influyó en su búsqueda de una fundamentación racional para lo religioso y la existencia de Dios; rechazó el sentimentalismo pietista, pero mantuvo su exigencia moral. Kant evolucionó desde una preferencia inicial por argumentos basados en el orden del mundo, hacia una perspectiva más abstracta y ontológica, y finalmente hacia un «teísmo moral» donde Dios es el «Supremo Bien»; en el que se tiene fe, basada en la buena conducta.

2.1. El periodo «crítico»: el «teísmo moral» (1781-1790)

En su Crítica de la Razón Pura, Kant argumenta que Dios no es susceptible de demostración teórica, sino de fe «moral», destruyendo así la «ciencia» metafísica sobre Dios y criticando las tradicionales pruebas de su existencia (ontológica, cosmológica y físico-teológica); pues no es legítimo el salto de lo fenoménico a lo nouménico. En su lugar, Kant establece tres postulados de la razón práctica: la libertad de la voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios, que surgen de las necesidades de la estructura moral del hombre.

Para Kant, Dios es aquel ente metafísico donde la más plena realidad está unida a la más plena idealidad, sin divergencia entre lo bueno y lo existente (igualdad entre el ser y el deber ser). En el mundo fenoménico, sí se da ese abismo entre el ideal y la realidad. Llegamos a Dios no por vías de conocimiento científico, sino por caminos originados en la conciencia moral. Esta «fe racional» kantiana busca superar el deísmo ilustrado para reencontrar al Dios de la tradición cristiana, afirmando su realidad «noumenal». Prima, pues, la razón práctica sobre la pura; la «razón humana» es consciente de su finitud, pero tiene derecho a resolver, según su moralidad, una cuestión de verdad, sin que le ampare la objetividad. Es un humanismo ético que se autofunda y que apela a Dios para poder ser coherente.

2.2. La religión dentro de los límites de la mera razón (1792-1798)

La filosofía de la religión de Kant se desarrolla principalmente en su obra «La religión dentro de los límites de la mera razón» (1793). Kant sostiene que la moral conduce inevitablemente a la religión, ampliando la idea de un legislador moral poderoso en cuya voluntad el fin final del hombre es también el fin de la creación.

El libro se centra en el problema del mal radical en la naturaleza humana. Kant afirma que en los humanos habita una propensión a desviarse de la ley moral. Frente a la voluntad (=razón práctica), Kant sitúa el albedrío. La voluntad es la «disposición original al bien», a la que debemos volver, «restableciéndola». Este es el tema central del libro y la clave del interés de Kant por la religión. Este restablecimiento, dada la fragilidad moral humana, solo se consigue confiando en un don (gracia) de Dios y con el mutuo apoyo de una comunidad ética (la Iglesia).

La maldad humana está en nosotros como una «propensión»; pero una propensión fuerte, una «radical perversión del corazón», que no llega a la «maldad radical» y a la que Kant llama «culpa innata». Esto muestra la necesidad y posibilidad de la conversión moral, para lo cual Kant acude a la religión, repensando los dogmas cristianos como modelos para una religión racional; pero partiendo siempre de la libertad y la responsabilidad humana en la conversión.

Por el estado de naturaleza ético se hace necesaria una «sociedad ética» que, si debe tenerse a Dios como origen de la ley moral, esta sociedad será un «pueblo de Dios bajo leyes de virtud». El camino pasa por la Iglesia histórica, cuya fe estatutaria (=histórica, eclesial) es vehículo de la fe religiosa pura. Hay un tránsito gradual hacia esta última en la historia (=el acercamiento del Reino de Dios).

Kant ve la religión de la razón y la revelada no como círculos inconexos sino concéntricos, donde la revelación (=religión histórica) puede añadir pero no quitar a la religión racional (=la fe religiosa pura). Al final, el intérprete de la revelación es Dios en nosotros; es decir, la legislación moral ilumina el sentido de los textos revelados. Es decir, mantiene la primacía de lo racional, que permite reconocer la revelación como tal. Rechaza tanto el naturalismo que niega la revelación, como el sobrenaturalismo que la tiene por necesaria. Se mantiene como «racionalista puro» que reconoce la posibilidad de la revelación.

Quedan preguntas abiertas sobre si Kant dijo todo con la imagen de los círculos y si su postura podría verse como «post-cristiana», avanzando desde una identificación cristiana inicial hacia su superación y dilución en religión racional. Su pensamiento sobre la religión siguió evolucionando en sus últimos años, como muestran notas fragmentarias del Opus postumum.