2.1 El escepticismo metafísico de David Hume

Contenido

Parte del curso de Filosofía de la religión.

1. A modo de introducción de Hume (1711-1776)

David Hume (1711-1776) fue un filósofo escocés que se destacó por su rechazo al dogmatismo religioso y político, y por su defensa de la tolerancia (social y cognitiva). Es considerado uno de los filósofos más importantes en lengua inglesa, con una gran influencia en diversos campos de la filosofía contemporánea (epistemología, metafísica, ética, fil. política, estética y fil. de la religión). Influyó en la filosofía crítica kantiana y el neopositivismo del siglo XX.

Hume abogó por una filosofía basada en la observación y la experiencia, en lugar de especulaciones abstractas. Sostuvo que la filosofía debe partir de datos empíricos y no de intuiciones sobre la esencia de la mente humana. Propuso un método más inductivo que deductivo para la filosofía, estableciendo que la experiencia constituye tanto la base como el límite del conocimiento humano.

En cuanto a su actitud religiosa, Hume vivió en contacto con el calvinismo en su juventud, pero pronto reaccionó contra sus doctrinas más sombrías (pecado original, predestinación y depravación de la naturaleza humana). Se opuso a toda religiosidad inspirada en el temor y combatió los aspectos de horror, amenaza y fanatismo que pueden comportar las religiones.

Obras fundamentales: Tratado de la naturaleza humana, Resumen del Tratado de la naturaleza humana, Disertación sobre las pasiones y Diálogos sobre la religión natural (1777).

2. Su filosofía de la religión

David Hume puede ser considerado el primer filósofo de la religión en el sentido estricto del término. En sus obras Historia natural de la religión (1759) y Diálogos sobre la religión natural (1777), aborda los aspectos genéticos y de solvencia racional de la religión desde un enfoque empirista.

Hume plantea que ante las dificultades para defender la razonabilidad de la creencia en la revelación cristiana, se ha buscado refugio en la "religión natural". Sin embargo, esta modalidad también carece de apoyo en la razón y la experiencia.

Quedarían dos posibles defensas de las creencias religiosas: fundamentarlas en la fe o insistir en su utilidad para el individuo y la sociedad. Pero Hume cuestiona si es posible demostrar lo contrario, que las creencias religiosas corrompen los sentimientos morales naturales y son fuente de males y terrores.

Ante estas circunstancias, Hume nos invita a reflexionar sobre qué postura deberíamos adoptar frente a los fenómenos religiosos, centrando su crítica en estos puntos.

2.1. Crítica en la creencia de los milagros

David Hume critica la creencia en los milagros como prueba de la veracidad del cristianismo. Un milagro es un evento sobrenatural que viola las leyes de la naturaleza. Los cristianos han apelado a los milagros de Jesús como evidencia de su divinidad y de la verdad de sus enseñanzas.

Para Hume, un milagro es un suceso contrario a toda nuestra experiencia pasada. Hume argumenta que los testimonios de los milagros en los evangelios no son creíbles, ya que fueron escritos por personas sin reputación, ocurrieron en un rincón remoto entre gente ignorante, y hay relatos similares en otras religiones que se contradicen entre sí. La aceptación de estos testimonios se puede explicar por la credulidad de las masas y el gusto por el asombro.

Además, Hume sostiene que para aceptar un milagro, tendríamos que saber que, no solo no puede explicarse por nuestro conocimiento y experiencias actuales, sino que nunca podrá ser explicado de forma natural, incluso después de siglos de avances científicos. Declarar esto dogmáticamente asume que nuestro conocimiento actual de la naturaleza es definitivo. Cuando nos convencemos de que un acontecimiento extraordinario ha tenido lugar, más que apuntalar la hipótesis de la intervención divina, cuestionémonos nuestros conocimientos científicos e iniciemos nuevas investigaciones.

Por lo tanto, según Hume, la verdad del cristianismo no puede establecerse a partir de la veracidad de los milagros. Uno puede ser cristiano por otras razones, pero no porque la razón lo dicte.

2.2. Crítica en la creencia en la religión natural

A. Creencia en un Ser supremo creador o diseñador del mundo

David Hume critica la creencia en la "religión natural" o "religión racional" (la que podemos alcanzar por la mera razón) que era común en los siglos XVII y XVIII. Esta religión se basaba en dos creencias fundamentales: la existencia de un ser supremo creador (Dios) y la inmortalidad del alma.

Hume cuestiona el argumento del designio, que infiere un diseñador inteligente a partir del orden aparente del universo. Argumenta que este orden podría surgir de la dinámica interna de la materia en movimiento, sin necesidad de un diseñador. Además, el argumento no permite decidir entre monoteísmo y politeísmo, y la presencia del mal en el mundo pone en duda la benevolencia de cualquier supuesto diseñador; aunque podría ser uno indiferente a la felicidad del hombre. Este argumento se verá avalado por el evolucionismo biológico de Darwin.

También critica el argumento a priori, que postula una causa última necesariamente existente para todo. Hume señala que podemos concebir cosas surgiendo sin causa, o un universo eterno (como Aristóteles) sin causa primera. Por tanto, la mera razón no puede probar la existencia de Dios. Tampoco le vale el argumento ontológico de san Anselmo, del Ser que debe existir necesariamente.

B. Creencia en la inmortalidad del alma

Para Hume, solo valen los argumentos obtenidos a partir de la analogía de la naturaleza (argumentos físicos). La experiencia muestra que los cambios en el cuerpo van acompañados de cambios proporcionales en el alma. Esto sugiere que el alma perecerá con el cuerpo. Otro argumento señala que nada es eterno en este mundo, por lo que pensar que el alma sea inmortal va contra los principios de la analogía. Todo indica que somos seres finitos y la vida acaba con la muerte del cuerpo.

2.3. Hacia una ciencia del origen de las creencias religiosas

Según Hume, aunque las creencias religiosas carecen de respaldo racional, el ser humano manifiesta una relación con un ser sobrenatural. Esto plantea la cuestión de cómo ha surgido tal creencia irracional; que solo puede entenderse desde el fideísmo. Hume busca las causas psicológicas, propias de la naturaleza humana, que provocan estas creencias en la naturaleza humana (Historia natural de la religión).

Para Hume, el politeísmo es la religión más antigua, originada en la preocupación del hombre primitivo por los sucesos que afectaban su vida, atribuyéndolos a causas desconocidas que se convirtieron en objeto de esperanza y miedo. La tendencia humana a concebir estos seres a su propia imagen determinó la concepción de estas causas como divinidades.

El monoteísmo surge cuando los hombres acaban venerando a una divinidad de forma especial por encima de las demás, insistiendo en que es infinita y única. Tiene su origen en el miedo y la adulación de la superstición vulgar. Las religiones monoteístas están llenas de prácticas frívolas y supersticiosas.

2.4. Valoración moral de la religión

Hume cuestiona si las ideas religiosas realmente tienen las influencias beneficiosas que los creyentes afirman. Según su teoría moral, aprobamos naturalmente las cualidades útiles o agradables para uno mismo o los demás. Sin embargo, prácticas cristianas como el ayuno, el celibato, la mortificación, etc. no aumentan la fortuna, el valor social, el disfrute de la compañía o el disfrute de uno mismo. Por lo tanto, estas prácticas inútiles y desagradables no pueden aprobarse moralmente y son obstáculos para la felicidad.

Además, el fanatismo religioso puede llevar a quebrantar normas morales, como muestran las persecuciones y guerras en nombre de la religión. La idea de un castigo eterno por ofensas limitadas también choca con nuestro sentido moral. Esto genera una contradicción en los creyentes entre sus sentimientos morales naturales y la conducta del Dios que adoran, provocando desequilibrio y tristeza.

En resumen, para Hume, los principios religiosos prevalentes son «sueños de hombres enfermos»; i. e., una locura. Su filosofía de la religión, desde una postura empirista, lleva a un agnosticismo muy escéptico que roza el ateísmo. Kant coincidirá en la crítica al argumento teleológico, pero intentará recuperar la visión teológica desde su «argumento moral».

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