4. Las Iglesias reformadas
Parte del curso Historia del ecumenismo.
Las Iglesias reformadas, como las luteranas, forman parte del gran conjunto de Iglesias protestantes. Sus inicios se sitúan en la misma época que Lutero y el luteranismo, pero su fe y sus ideas se desarrollan de manera independiente. Éstas comienzan con Ulrico Zuinglio en Suiza. Zuinglio, a diferencia de Lutero –que quería eliminar los excesos de la Iglesia– opta por tomar como base de la Iglesia únicamente aquello que aparece en la Biblia. A Zuinglio le sigue Calvino, que pasará a ser la figura central de la Reforma, tomando incluso su nombre –de ahí que se conozca también a este movimiento como «calvinista»–.
Como decíamos, uno de los puntos fundamentales de la fe de las Iglesias reformadas es su fundamentación en la Biblia. Aunque en la Iglesia reformada se entiende que solo es verdad y solo hay que creer lo que hay en la Biblia, no todos lo entienden exactamente igual. Para alguno, la Biblia no contiene ningún error, y todo lo que se dice en ella debe ser verdad; para otros, en cambio, la postura es un poco más cercana a la católica, entendiendo que puede haber fallos o errores en lo que se refiere a temas históricos o científicos, aquello que no afecta directamente a Jesús, a Dios o a nuestra salvación.
En cuanto a la idea de salvación, hay que decir que está cerca del luteranismo, pero muy alejada del catolicismo. Para las Iglesias reformadas, los hombres son pecadores desde el principio, y nada de lo que hagan puede hacerles cambiar; es más, los hombres ni siquiera pueden creer por voluntad propia y todo lo que hagan estará manchado por el pecado. Dicho de otro modo, nada de lo que pueda hacer el hombre puede agradar realmente a Dios.
Aun así, no todo está perdido, porque, aunque como pecadores que somos deberíamos ser rechazados y condenados, no lo somos, porque Cristo pagó el precio de nuestros pecados muriendo en la Cruz. Se «intercambió» por nosotros y nos convirtió en justos. Por eso, nuestra justificación nos viene por la fe en Cristo. Ahorra bien, como ni siquiera podemos creer por voluntad propia, ni podemos arrepentirnos totalmente de nuestros pecados, nuestra salvación no depende en nada de nosotros y solo Dios puede salvarnos. De hecho, cada uno de nosotros, ya desde antes de nacer, ha sido destinado por Dios a la salvación o a la condenación eternas; no por nuestros méritos, ni por las cualidades de cada uno. Es una elección incondicional que solo depende de los planes de Dios. A esta teoría se le conoce comúnmente como «predestinación».
Las Iglesias reformadas tienen dos sacramentos, aunque no se pueden entender de la misma manera que los católicos. El bautismo tiene como función principal incorporar a la persona creyente a la Iglesia de Cristo. La eucaristía, por su parte, se conoce como «cena del Señor» y es una celebración que se realiza normalmente una vez al mes. En ella, tiene un peso muy especial la escucha y la predicación de la Palabra de Dios. A diferencia de los católicos o los luteranos, las Iglesias reformadas no creen en la presencia real de Cristo en la eucaristía, sino que creen que se recibe de manera espiritual. Tienen un culto muy sencillo y rechazan el uso de imágenes.
Las Iglesias reformadas están organizadas siguiendo un modelo apostólico. A nivel local, regional y nacional hay distintas organizaciones o sínodos que ordenan y toman las decisiones necesarias, aunque la única cabeza real es Cristo resucitado. De hecho, las creencias pueden variar de manera considerable entre unas Iglesias reformadas y otras, a pesar de mantener un núcleo común. La organización que aglutina a las Iglesias reformadas es la Comunión mundial de Iglesias reformadas, y cuenta con más de 100 millones de miembros.