3. Las Iglesias luteranas
Parte del curso Historia del ecumenismo.
Las Iglesias luteranas son un conjunto de Iglesias que se formaron a partir de la separación de Lutero con la Iglesia católica en el siglo XVI. En 1517, Martín Lutero, viendo los excesos que se estaban dando en la Iglesia católica –sobre todo con la venta de indulgencias y con el poder que tenía la Iglesia en ámbitos políticos–, decide escribir y publicar sus famosas «95 tesis». Con estas tesis, Lutero no quería fundar una Iglesia nueva, ni una institución, sino corregir los excesos de la Iglesia católica y mejorar sus defectos. Aún así, parte de las tesis se salían de las creencias católicas y, en 1521, la Iglesia condena a Lutero con parte de sus ideas.
A partir de esta separación empiezan a surgir las Iglesias luteranas, que se identifican con las ideas y creencias de Lutero. Destaca, sobre todo, la idea de que nos salvamos no por las obras, ni por los méritos propios, sino solo por la fe, mediante la gracia. Para los luteranos, la justificación la hemos recibido ya todos gracias a la muerte de Cristo en la Cruz. Por ello, para salvarse solo es necesaria la fe en Cristo, que se nos da por gracia de Dios.
Al estar separados de la Iglesia católica, los luteranos no reconocen la primacía del Papa de Roma y niegan que ninguna institución pueda «decidir» aquello que se debe creer. Para ellos, toda la verdad y la guía de vida se encuentra en la Biblia, a la que hay que subordinar cualquier creencia o tradición. Entre las creencias y tradiciones que aceptan, están las de los siete primeros concilios ecuménicos. La fe de estos primeros concilios, como vimos, la comparten también los católicos y los ortodoxos.
Teniendo la Biblia como fundamento de toda su fe, niegan tres creencias propias de la Iglesia católica; a saber, el purgatorio, la inmaculada concepción y asunción de María y la mediación de los santos; de hecho, para los luteranos no existe ningún tipo de mediación más allá de Cristo, ni la intercesión de los santos, ni la de María, ni la mediación de los sacerdotes. En los tres casos, la negación se debe a que no creen que en la Biblia haya suficientes pruebas de ello. Además, no se permite la veneración de las imágenes.
Los luteranos solo tienen dos sacramentos: el bautismo y la santa cena, que es el equivalente a la eucaristía católica. Durante la santa cena, los luteranos sostienen que Cristo se hace presente en el pan y el vino, igual que los católicos. Además, muchos luteranos practican también la confesión antes de la santa cena. El resto de los sacramentos que practican los católicos pueden darse dentro del luteranismo, pero se entienden mejor como «representaciones» que como actos que pueden ayudar a la salvación.
En la santa cena, lo que prima es la lectura y proclamación de la palabra de Dios y la consagración. La Palabra, porque es el centro de sus vidas y su guía; y la consagración, porque su vida espiritual depende casi exclusivamente de su relación personal con Dios, de la fe que tengan.
En cuanto a la liturgia, el estilo es similar al que existía antes en las iglesias católicas, incluso los sacerdotes luteranos usan una vestimenta similar a la que usan los católicos. A diferencia de los sacerdotes católicos, sus ministros –el equivalente luterano– sí que se pueden casar. El ministerio de las mujeres es un tema discutido, y mientras que algunas Iglesias luteranas lo permiten, otras no.
Las Iglesias luteranas forman parte del amplio grupo de Iglesias protestantes; entre las que se incluye el calvinismo, el anglicanismo o el anabaptismo. Además, la unión principal de las Iglesias luteranas es la Federación Mundial Luterana, y cuenta entre sus fieles a unos 74 millones de personas.