2. Las Iglesias ortodoxas

Parte del curso Historia del ecumenismo.

La Iglesia ortodoxa –o Iglesias ortodoxas– es un conjunto de Iglesias que tienen su origen, al igual que la Iglesia católica, en la Iglesia fundada por Cristo y sus discípulos. Durante aproximadamente 800 años, las Iglesias ortodoxas y la católica formaban una unidad con cinco «cabezas», que eran los obispos –también llamados patriarcas– que gobernaban sobre cada una de las regiones por donde estaba extendida la Iglesia. Estas cinco regiones o cabezas eran Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén.

Durante este tiempo, en el que se dieron siete concilios ecuménicos, las 5 Iglesias mantuvieron la misma doctrina, la misma fe y los mismos sacramentos; pero a partir del año 800, aproximadamente, esta unión se empezó a romper. Uno de los motivos más destacados de esta ruptura fue la pretensión de soberanía de la Iglesia de Roma sobre el resto de las Iglesias. En el año 1054, finalmente, se separaron las cuatro Iglesias orientales (Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén) de la Iglesia de Roma, quedando así eso cuatro patriarcados –por estar gobernados por patriarcas– como base de lo que ahora es la Iglesia ortodoxa.

Estas cuatro Iglesias, que fueron y han seguido siendo autogobernadas, tuvieron una gran expansión en oriente gracias al Imperio bizantino y, después de 1054, se añadieron otros cuatro patriarcados: Rusia, Serbia, Rumanía y Bulgaria. A este conjunto, finalmente, hay que agregar las Iglesias de Georgia, Chipre, Grecia, Polonia, Albania y la formada por la República Checa y Eslovaquia. Este conjunto de Iglesias, que como decimos tienen una misma fe, se gobiernan de manera independiente, pero tienen una cabeza –simbólica, de alguna manera– que es el patriarca de Constantinopla, también llamado «patriarca ecuménico». A él se le da el título de «primero entre iguales».

En cuanto a las diferencias entre católicos y ortodoxos, lo cierto es que no hay tantas. Lo primero que hay que destacar es que, como se podría intuir, no admiten la supremacía del Papa de Roma, y entienden que es igual que cualquier otro patriarca del resto de las Iglesias. En cuanto a los sacramentos, tenemos que el bautismo se hace por inmersión total y que, acto seguido, se realiza la crismación –que es el equivalente a nuestra confirmación– y la eucaristía. Esto se hace, entre otras cosas, para que los niños pequeños puedan participar también de la eucaristía.

La ordenación también varía un poco frente al catolicismo. Mientras que los sacerdotes católicos no pueden estar casados, los ortodoxos sí –siempre que se hayan casado antes de ordenarse–, aunque los obispos sí que deben ser célibes. Por ello, es común que los obispos sean monjes. Junto a los sacerdotes y los diáconos casados, encontramos también diaconisas. Siguiendo con las diferencias, en la Iglesia ortodoxa no hay órdenes ni congregaciones, solo monasterios.

Por último, cabe decir que en sus celebraciones y oraciones se da una importancia muy especial a la veneración de los iconos, siempre como aquello que representa la realidad que no podemos ver (los santos, la Virgen, Cristo…). Las estatuas, en cambio, tan comunes en el catolicismo, no se usan entre los ortodoxos. La Iglesia ortodoxa, en su conjunto, cuenta hoy con unos 300 millones de fieles en todo el mundo. Aunque las Iglesias, como hemos visto, están todas en la parte más oriental, debido a la migración su fe se ha ido expandiendo por todo el mundo, con comunidades que, independientemente de donde estén, están bajo el gobierno de alguna de las Iglesias que hemos visto.